miércoles, 17 de diciembre de 2008

Romualdo Estévez Cabello

Marbella, 16 de diciembre de 2008


Nos sugiere Olmo que cuantos decidamos colgar nuestra felicitación de Navidad en la Web, lo hagamos de forma personalizada. Me parece acertada recomendación que voy a tratar de seguir.

Hay dos ideas que bullen en mi cabeza y que pretenden resumir el contenido de mi mensaje: continuidad y sosiego. Trataré de desarrollarlas.

En clase de Matemáticas solía disfrutar con la representación gráfica de funciones. La
hipérbola y la parábola me atraían especialmente: la primera por su inconcebible discontinuidad (mientras la abscisa aumentaba o disminuía de forma infinitesimal, la ordenada podía dispararse de manera infinita); la segunda (sobre todo si era vertical y con las ramas hacia arriba), por su crecimiento continuo y sin fin. Sentía predilección por esta parábola, pues simbolizaba la línea que, en mi opinión, debía seguir la vida, tanto en su vertiente individual, como afectiva, cultural y social.



Mi caminar, durante los siete u ocho años que duró el periplo laboral, transcurrió con matices propios de la parábola, es decir, creciendo de forma continua y simétrica, sin fallas ni cortes, mas con algún qué otro punto de inflexión.

Sin embargo, la rama que representaba mis relaciones de amistad y compañerismo, llegó a un punto de discontinuidad hiperbólica en el momento mismo en que, terminada la carrera, cada uno toma caminos diferentes. Se abre entonces un periodo de ausencia y de silencio, una discontinuidad que, de no ser por la iniciativa de Olmo que todos conocemos, todavía duraría (de forma inexplicable), al menos en mi caso.


Pero desde hace poco más de un año, aquellos afectos, que sin perder vigencia, vieron interrumpida su actividad y vida propia durante tanto tiempo, han vuelto a recuperar su espacio y protagonismo. Gracias a la Web, a los encuentros y a la palabra (siempre nos quedará la palabra), hemos podido ir rellenando las lagunas que fueron sembrando el tiempo y la distancia en nuestras vidas. Yo me congratulo de ello, pues me ha hecho mucho bien. Antes del reencuentro, pesaba sobre mí la idea de tener algunas asignaturas pendientes. Ahora, la rama que representa mis sentimientos de amistad, se ciñe de nuevo a la continuidad de la parábola del tramo laboral, lo cual, ha traído cierto sosiego a mi alma.



Y es cuanto yo quiero transmitir a todos con la excusa de la Navidad: crecimiento continuo en los afectos y sosiego en el alma.

Termino insertando un soneto que escribí recientemente para mi amigo Paco Alemán, cuyo primer cuarteto contiene un humilde y sincero homenaje de reconocimiento y gratitud a Juan Antonio Olmo, por crear y poner a disposición de todos, el vehículo que nos ha llevado al reencuentro.

El resto va para Paco, mi hermano, por informarme de ello y ofrecerme de nuevo su amistad incondicional. El poema en sí, carece de valor literario alguno, pero me parece oportuna su inserción, porque tal vez ayude a entender mejor el espíritu y la intención que se insinúan en las líneas que anteceden. Su mensaje lo hago extensivo a todos cuantos compartieron conmigo adolescencia y primera juventud y a cuantos bebieron también de aquellas fuentes.



Felicidades a todos


Paco, mi querido amigo:
Te agradezco tu regalo.
Abre ahora este archivo
adjunto que aquí te mando.

Estoy en deuda contigo.
Con esto te pago un plazo;
no necesito recibo.
Me basta con un abrazo.

Romualdo


A mi amigo Paco Alemán,


L E V A D U R A . L A B O R AL
(Soneto)

Un tal Olmo tuvo la ocurrencia,
de hacerle sitio a afectos contenidos
en el hueco que dejó la ausencia
a merced del tiempo y del olvido.

A mi me lo contó mi amigo Paco,
rompiendo muchos años de silencio.
En su voz había acordes del pasado
y un matiz que invitaba al reencuentro.

La excusa fue “una foto que emitía”
brotes de emoción en blanco y negro
donde mis trece años sonreían.

Ha transcurrido un año desde aquello,
la amistad se ha instalado en nuestras vidas…,
y en mi alma hay ahora más sosiego.


Con todo mi afecto. Romualdo


(Yo soy el primero de la izquierda en la mesa del fondo. La foto la colgó Santiago Martín Castellanos, el primero de la derecha, y Paco, al verla, me reconoció y me llamó por teléfono para contármelo. De esta manera supe también de la existencia de la Web. Ese fue el momento de nuestro reencuentro. Era por la mañana y hacía dos días de la celebración del 50 aniversario).


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